Despertar vale la pena porque recuperas el estado exaltado de tu propio ser

Una sola palabra define lo que logras al despertar: Ser. El estado exaltado de ser es tu autentica naturaleza interior. Es la plena conciencia de que existes, de que eres un ser que es. Este estado de ser se encuentra por encima de tus facultades mentales ordinarias, como son el pensamiento, la imaginación o la memoria. Es por esto que jamás despertarás a la conciencia de ser utilizando estas facultades. No importa cuanto pienses o imagines lo que es tu ser, así jamás te conducirás a él.

Para darme a entender dividiré la mente humana en dos partes: por un lado tenemos las facultades mentales ordinarias, como el pensamiento, la imaginación o la memoria, tal y como mencione anteriormente. Y por el otro lado, tenemos esa entidad falsa e inventada que llamamos ego. Esta mente condicionada o ego ha sido moldeado por la propia persona y por aquéllos que la rodean desde el nacimiento. Es lo que la persona cree ser, no lo que es en realidad. Es decir, no es su auténtico ser. Esta mente condicionada o ego es la suma de deseos, temores, creencias, opiniones etc., con la cual el ser humano se identifica y los cuales cree ser.

Pero lo que crees ser no es tu verdadero ser, y tus facultades mentarles ordinarias no te conducirán hacia él, sin sólo el desarrollo de la atención.

El estado de atención que produce la conciencia de ser debe ser experimentado personalmente. No hay otro camino: no puedes imaginarla ni construirla. Cualquier intento por utilizar las facultades mentales para lograr la conciencia de ser está irremediablemente destinado al fracaso. Por eso te digo: en vez de suponer cosas en relación a la conciencia de ser, simplemente permanece atento y alerta de ti mismo en la vida cotidiana. Así, naturalmente, dejarás de creer que eres tu ego, y de apegarte a él. Simplemente permanece en estado de alerta percepción de ti mismo. Al dirigir la atención hacia ti mismo te darás cuenta de tu auténtico ser y, eso es despertar.

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La meditación de silencio interior, como un medio para experimentar la conciencia plena de ser

Te recomiendo esta técnica de meditación para que logres durante tu práctica un estado de profundo aquietamiento mental o ausencia de pensamientos en tu mente. Logrado esto, podrás permanecer durante la meditación en la perfecta conciencia de ser, ausente de cualquier contenido mental, ya sean pensamientos, emociones o imágenes. Este estado de perfecta quietud mental es un requisito indispensable para permanecer durante la meditación siendo plenamente consciente del ser que eres. Es en este estado más allá de cualquier contenido mental, donde se revela la conciencia pura y plena de ser.

La técnica es la siguiente: siéntate en posición de meditación con los párpados cerrados. Permanece atento por algunos minutos de tu respiración o de tu cuerpo sentado únicamente. Luego, lleva tu atención al punto que se encuentra exactamente en el centro de tu cerebro y fija poderosamente la atención en este punto solamente. No importa si mientras lo haces aparecen en tu mente pensamientos o imágenes que buscan distraerte de tu objetivo. Deja que los pensamientos surjan y desaparezcan libremente y no te distraigas con ellos. Simplemente insiste en permanecer concentado en el punto que se encuentra exactamente en el centro de tu cerebro. Si permaneces ahí el suficiente tiempo, la corriente de pensamientos se detendrá y entonces advertirás con claridad el ser que en verdad eres. Luego, cuando lo consideres oportuno, sal lentamente de tu meditación y trata de ver si puedes permanecer en la perfecta conciencia de ser con tus párpados abiertos, mientras percibes el escenario que te rodea.

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Despertar vale la pena porque pones fin a la ansiedad o angustia en tu vida cotidiana.

La persona dormida es víctima de las pesadillas que de cuando en cuando aparecen en el estado de sueño psíquico en el cual vive. Y es por ello que también es irremediablemente víctima de la ansiedad o angustia que generan dichas pesadillas. La ansiedad o angustia es una perturbación del ánimo altamente desagradable. Es una molesta sensación de aflicción, agitación e inquietud violenta, o de preocupación extrema por lo que está pasando en un momento dado o por lo que puede o no pasar, que sumerge a la persona en un estado de intenso sufrimiento psicológico.

La sensación de ansiedad o angustia deriva tanto de acontecimientos reales, que han sucedido o están sucediendo en un momento dado, como de acontecimientos imaginarios, que no están sucediendo en el presente pero que la persona piensa que pueden llegar a suceder en cualquier momento. Pero ya sea que su origen derive de acontecimientos reales o imaginarios es inútil tratar de liberarse de la ansiedad involucrándose en proyectos externos o en  distracciones de cualquier tipo, o adquiriendo cualquier cantidad de cosas que en realidad no necesitamos. Tampoco es posible poner fin a la ansiedad sumergiéndose en relaciones y actividades sociales sin fin o en cualquier otra actividad exterior, ni a través de la simple actividad física, o de la búsqueda de poder, o a través de cualquier éxito externo.

La solución para liberarse de la ansiedad no está en el exterior, sino adentro de uno mismo. Para lograr esta libración la persona debe ser capaz de poder observar serena y desapasionadamente todas aquellas preocupaciones, miedos y resistencias relacionadas con lo que está aconteciendo en un momento dado de su vida, o a lo que  pueda o no acontecerle, a él mismo o a sus seres queridos. Debe hacer lo anterior y dejar que permanezcan dichas preocupaciones y temores en la esfera de su conciencia sin hacer nada para buscar una salida. Simplemente debe darse por vencido. Debe dejar de luchar frenéticamente para lograr que las cosas y acontecimientos pasen o no pasen: “quiero que pase” o “no quiero que pase”. Cuando la persona despierta, puede entonces permanecer plenamente alerta, atenta y vigilante de todo lo que aparece en la esfera de su conciencia y que le produce ansiedad o angustia, pero sin buscar influir en ello. Al realizar lo anterior hará un descubrimiento asombroso: que si no le da cuerda a sus propios pensamientos y emociones que lo mantienen ansioso y angustiado, las pesadillas y sueños de horror pronto se desvanecerán como lo hace el humo en la atmósfera. Y logrado lo anterior, la conciencia de su propio ser, que habita siempre por encima del sueño psíquico que somete a la humanidad, reaparecerá completamente en su perfecto estado de imperturbable tranquilidad y paz interior.

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La técnica de la M para vaciar la mente de pensamientos y experimentar la conciencia plena de ser.

La técnica de la M es un ejercicio muy simple. Pero es en verdad muy útil para lograr detener transitoriamente el flujo de pensamientos en tu mente y experimentar por ello un perfecto estado de silencio mental, ausente de pensamientos. Logrado esto, podrás entonces disfrutar durante la meditación de la suprema paz natural de tu propio ser.

El ejercicio es el siguiente: siéntate en posición de meditación con los parpados cerrados. Permanece un tiempo atento de tu respiración o de tu cuerpo sentado. Luego, cierra la boca completamente. Que los dientes de arriba estén en contacto con los dientes de abajo. Ahora, simplemente empieza a repetir audiblemente la letra M durante algunos minutos: MMMMMM. Pasados dos o tres o cinco minutos, repitiendo sostenidamente la letra M, guarda entonces completo silencio y permanece atento de tu interior. Es usual que después de repetir sostenidamente la letra M durante algunos minutos, experimentes una completa ausencia de pensamientos en tu mente y, es entonces cuando pondrás disfrutar de la perfecta paz de tu propio ser durante el resto de la meditación (o por algunos minutos al menos). Finalmente, cuando lo consideres oportuno, simple abre los párpados de tus ojos para salir del ejercicio.

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Despertar vale la pena porque vivirás para complacer a tu interior

Una persona despierta vive de manera natural para complacer a su interior. Es indiferente ante las alabanzas o críticas de terceros en cuanto a su forma de vivir y  sigue siempre la guía de su propio ser interior. Si miráramos con detenimiento, nos asombraríamos al ver lo poco que el ego falso e inventado vive para complacerse realmente. El ego se encuentra siempre esclavizado a costumbres sociales desagradables adquiridas, o a dudas en cuanto a lo que debe o no hacer, o al esfuerzo sostenido por complacer a otros y no a sí mismo; es decir, que vive su propia vida en función del exterior y no guiado por su propio interior.  Y todo esto no logra más que mantener a la persona dormida en una mezcla de desesperación y rebelión secreta, o en un estado de neurosis y frustración permanente.  

Tan pronto la persona despierta a la conciencia de su propio ser, el proceso se invierte y  empieza a hacer las cosas que en realidad le complacen. Nunca más guía su vida en función de lo que debe o tiene que hacer, como una exigencia exterior, sino en función de lo que su propio ser interior dicta. Hace y deja a los demás hacer lo mismo. Jamás busca controlar, como lo hace el ego, a los demás, en cuanto a su forma de vivir o pensar. Podríamos decir que la persona despierta simplemente cobra su propia autonomía y gobierno interior sin buscar para nada gobernar o controlar a sus semejantes en modo alguno.   

Debido a lo anterior, la persona despierta vive libre de presiones y con serenidad interior: ni es controlado por los demás ni tampoco busca controlarlos.  Sus acciones siguen siempre el dictado de su ser interior de manera natural y no porque se siente obligado en forma alguna. Es por esto que su vida está ausente de tensiones o presiones exteriores. Y el resultado es una vida dichosa y jubilosa en sí misma.

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Imitando los movimientos de un compañero, para desarrollar la atención.

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Imitando los movimientos de un compañero.

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Despertar vale la pena porque te libera de preocupaciones innecesarias con respecto al futuro.

Cuando una persona despierta deja de albergar ideas ansiosas concernientes a lo que le deparará el futuro. En lugar de mantener esta actitud negativa y altamente destructiva, la persona despierta simplemente fluye serenamente por las ocurrencias diarias, sin una preocupación personal por el efecto que tengan en ella. Podríamos decir que ha dejado de quererlo controlar todo, como lo hace el ego. Así, ni rechaza ni se apega o aferra a lo que le va sucediendo; simplemente pasa a través de todo ello fluyendo en comunión con el devenir diario y con una actitud expectante y jubilosa.

Esta actitud, prácticamente incomprensible para la persona dormida o ego, no es de ninguna manera aburrida ni carente de sentido o dirección. Más bien es la incorporación de la persona despierta al flujo de la existencia toda, como una sola unidad y no, como lo haría la persona dormida o ego, queriendo dirigir y controlar todos los eventos diarios de manera frenética, casi hasta el punto de querer controlar en que momento los pájaros deben cantar o el sol salir o meterse, o el viento soplar en su piel.

La persona dormida o ego, cuanto más busca disfrutar la vida o sacarle provecho o fruto, menos vive en realidad. Su preocupación por sacarle provecho a la vida o buscar frenéticamente que el futuro sea como ella quiere que sea, lo aleja de la posibilidad de disfrutar mientras avanza.

La persona despierta y en conciencia de ser se entrega siempre y jovialmente a la guía interior, que siempre fluye en comunión con la existencia toda y jamás al margen de ella. Esta es la razón por la cual tú verdadero ser siempre se encuentra por encima de la aflicción y la ansiedad, y no como el ego que al querer que todo sea de tal o cual manera, se revela cuando las cosas no salen según sus deseos individuales, o se frustra o se enoja o se deprime. La persona despierta confía en el flujo de la existencia tanto como el ego le teme y desconfía de él, suponiendo que dicho flujo avanza siempre en su contra.

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